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Hermosa venganza

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Cassie se presenta como una “joven prometedora” hasta que un misterioso acontecimiento descarrila abruptamente su futuro. Pero nada en la vida de Cassie es lo que parece ser: ella es malvadamente inteligente, atormentadoramente astuta y vive una doble vida secreta por la noche. Hermosa venganza

Critica:

Emerald Fennell no es completamente nueva en la industria. Tiene ya unos cuantos créditos a su nombre, como actriz y como guionista, sobre todo en televisión. Probablemente su trabajo más conocido sea en The Crown, donde interpreta a Camilla Parker Bowles desde la tercera temporada. Una joven prometedora es, además de un guion propio, su debut como directora. Y la verdad es que su título podría referirse tanto a la protagonista como a la misma Fennell, ya que si algo demuestra Una joven prometedora es que estamos ante una cineasta de potencial indiscutible.

Una joven prometedora es, sin duda alguna, un producto de su tiempo, una obra enormemente contemporánea cuya realización habría sido improbable hace cinco años. Captura el zeitgeist mejor que la mayoría de propuestas recientes, al menos en cuanto respecta al movimiento #MeToo. La nueva ola feminista ha ocupado un puesto predominante en el discurso cinematográfico reciente, pero en el debut de Fennell, este discurso no es tangencial: es el núcleo temático. Todo gira en torno a una problemática muy específica, que es la de las relaciones no consensuadas cuando hay alcohol de por medio. Cómo suceden, por qué suceden, cómo reacciona el entorno ante ellas y cuáles son sus consecuencias. Fennell explora este tema con muchísima habilidad.

El guion de Una joven prometedora es ácido en su ejecución, detallista en su caracterización e implacable en su intencionalidad. Fennell aborda la violación de Nina desde muchos ángulos distintos, y no deja títere con cabeza. Cada personaje representa a un grupo, a un estrato de la sociedad que contribuye a que este tipo de cosas sucedan. Más importante aún, casi todos están desarrollados, aunque sea un mínimo. Todos son el resultado de unas circunstancias y, en un momento o en otro, intentan justificar sus acciones. Y son justificaciones coherentes, y a veces, incluso atenuantes. Lo interesante del guion de Fennell es su forma de desafiar estas justificaciones, de limpiarse el culo con ellas. Las excusas no valen. El mensaje de Una joven prometedora es claro y contundente: Si no eres la solución, eres parte del problema. No hay más. Fennell coge ciertas actitudes que muchos espectadores estarán acostumbrados a observar (o incluso a adoptar) y te las escupe a la cara sin ningún tipo de anestesia. Y no, que nadie crea que los ataques van dirigidos solo a los hombres. Aquí no se salva ni Cristo. Y a pesar de eso, mi percepción es que a casi ningún personaje se le representa como "malo", o al menos, no en el sentido más maniqueo de la palabra. Culpables en mayor o menor medida, sin duda, pero no son bocetos irremediablemente malignos. Son productos del entorno social, y la base del problema tiene raíces más profundas.

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