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La momia - La tumba del emperador dragón

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Condenados por una bruja a permanecer en estado de muerte aparente para siempre, el despiadado emperador chino Dragón y sus diez mil guerreros han reposado durante siglos en su tumba de barro cual ejército de terracota. Cuando le exigen al joven aventurero y arqueólogo Alex O'Connel que despierte de su sueño eterno al temible gobernante, no tendrá más remedio que consultar a sus padres: las únicas personas expertas en no muertos. Cuando el monarca regresa a la vida, su afán de dominio no tiene límites y usando sus poderes sobrenaturales, se lanzará con sus tropas a la conquista del Lejano Oriente, a menos que los O’Connell encuentren la forma de impedírselo. La momia - La tumba del emperador dragón

Critica:

Lo primero que he hecho al llegar a casa, después de haber visto la tercera entrega de ‘La Momia’ ha sido informarme sobre los guionistas que en esta ocasión firman la historia: Alfred Gough, Miles Millar. Debo admitir que me han dejado perplejo dos hechos. El primero es que tardaron ni más ni menos que tres años en terminar su trabajo. El segundo -y el más impresionante- es que ninguno de ellos tiene cinco años. Pero como soy un hombre racional y no creo en los sucesos paranormales, prefiero pensar que en realidad el guión no está firmado por ellos, sino por sus hijos que, tirando por lo alto, deben estar empezando la educación primaria.

Ya dijo alguien que lo contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia. Con las dos primeras aventuras -sobretodo con la primera, obviamente- sentí algo parecido al amor hacia los protagonistas. Con ‘La tumba del emperador Dragón’ me ha invadido la más absoluta indiferencia: no importa el cariño que antaño sintiera por esta saga, porque ya a partir de los diez minutos ya me importaba un comino quién se enrollaba con quién, quién traicionaba a quién o quién mataba a quién. Y suerte que el metraje no llega a las dos horas, porque sino mi estado anímico de buen seguro hubiera degenerado todavía más.

Rectificar es de sabios. Pero para rectificar hay que saber los errores que uno comete. Lo que pasa es que los traspiés en este filme se cuentan a docenas. El primero lo hallamos en la ficha técnica y aparte de ser insalvable, denota una alarmante falta de vergüenza por parte de las cabezas “pensantes” del proyecto. Por supuesto me estoy refiriendo a las ausencias de Stephen Sommers (recordemos, director y guionista de las dos anteriores entregas) y de la encantadora Rachel Weisz, a quien incomprensiblemente se la ha sustituido por Maria Bello, cuando estaba cantado que si no se podía contar con ella, lo más sensato era olvidarse de este personaje.

El resto de despropósitos ya son más variados. Por ejemplo, la presencia de unos ridículos y matones yetis (va en serio) ; el agotador abuso de efectos especiales ; lo desafortunado de contratar a Jet Li como villano para una saga que en su concepción primitiva pretendía claramente emular a ‘Indiana Jones’ ; escenas de acción que para nada aportan nada nuevo el género… Un largísimo etcétera que me lleva a desear que ‘La tumba del emperador Dragón’ fracase estrepitosamente en taquilla para que al menos la familia O’Connel se jubile de una vez por todas.

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