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Nunca cierres los ojos

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Sarah (Julia Sarah Stone) es una estudiante adolescente que, tras huir de su casa, toca fondo animícamente. Sola, y sin nadie a quien recurrir, no sabe cómo superar las pesadillas que sufre cada noche. Buscando ayuda, ve como una gran oportunidad participar en un estudio universitario, en el que entabla una gran amistad con el científico supervisor, Jeremy (Landon Liboiron). Sin embargo, hay algo muy extraño en el procedimiento al que se ha sometido y, poco a poco, las pesadillas de Sarah comienzan a empeorar. Nunca cierres los ojos

Critica:

Recuerdo cómo me impactó la frase publicitaria de la primera Pesadilla en Elm Street: por primera vez una cámara filma el interior de una pesadilla. Pues esta frase podría aplicarse 100 % a Come True.

Desde hace tiempo, Sarah tiene severos problemas para dormir. Para intentar remediarlo, participará en un estudio enfocado a analizar estas dolencias y buscar soluciones, pero hay intereses ocultos tras el experimento y las pesadillas que moran en los sueños de Sarah son la clave que estaban buscando.

Extraño que con apenas unos meses de diferencia han surgido dos películas acerca de los problemas del sueño, Awoken de Daniel J. Phillips y Come True, pero su tratamiento es diametralmente opuesto: la primera es tramposa, llena de ruido y deja una sensación agridulce; por el contrario, aunque vaya por delante que no es perfecta, la película de Anthony Scott Burns está repleta de imágenes oníricas, golpes de guion y un ritmo interno que a más de uno irritará.

En su película anterior, Our House, Scott Burns ya mostraba algunas de sus constantes: pocos personajes, una historia pequeña, el uso de la tecnología para encontrar soluciones; en Come True, Anthony Scott Burns se convierte en un hombre del renacimiento y dirige, produce, escribe, monta, colabora en la música… Tal vez por ello Come True tiene una cualidad única, que para mí la emparenta con Phantasm de Don Coscarelli: el tono onírico, la fractura entre realidad y fantasía, unos personajes inexistentes pero necesarios, su estructura caótica – a veces caprichosa – donde lo que menos importa es la historia. En esta película no hay que intentar buscar lógica sino dejarse llevar porque encontraremos imágenes muy potentes, situaciones delirantes, todo aderezado por la música de Electric Youth y PIlotpriest que ayudan a potenciar todo ese elemento onírico.

El casting funciona bien para lo que realmente busca Scott Burns, apenas son cinco personajes – y solo tres de ellos tienen importancia – destacando el rostro sugerente y personal de Julia Sarah Stone, seguido por Landon Liborion y atención a la presencia hipnótica – sobre todo por esas gafas tan de los setenta – de Christopher Heaththerington como el Dr. Meyer, un personaje que parece salido de esas primeras películas de David Cronemberg.

He dejado para este párrafo los peros que le pongo a Come True, y más que peros son cuestiones personales, como la extrañeza que producen algunos momentos, el tiempo que se toma el director para mostrar las cartas, la inclusión de ese momento videoclip muy años ochenta que parece más un capricho de director que necesario para la historia, y sobre todo la irregularidad del conjunto porque hay grandes momentos y otros anodinos que no hacen avanzar la historia. Me reservo para cerrar este párrafo el giro final, un gran salto de fe que te hará entender mejor la película o, quien sabe, rechazarla de pleno.

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